- Windows 12 apostará por un sistema modular con dos niveles de requisitos: uno básico sin IA avanzada y otro recomendado para sacar partido a la inteligencia artificial en local.
- Los requisitos mínimos subirán ligeramente respecto a Windows 11, con especial énfasis en 8 GB de RAM, TPM 2.0 y CPU moderna, mientras que la IA exigirá NPU potente, más RAM y SSD amplio.
- La inteligencia artificial será el eje central del nuevo sistema, apoyada por arquitecturas como CorePC y CoreOS para adaptarse mejor al hardware y permitir una experiencia más segura y eficiente.
- El lanzamiento probable se sitúa hacia finales de 2025, coincidiendo con el fin de soporte de Windows 10 y, previsiblemente, como actualización gratuita para usuarios de Windows 11.
Windows 12 todavía no es oficial, pero ya hay mucha información, filtraciones y pistas que permiten hacerse una idea bastante sólida de qué va a pedir a nivel de hardware y qué cambios traerá frente a Windows 11. Aunque nada está confirmado por Microsoft, el movimiento de la industria hacia los llamados IA PC y la actualización reciente de los requisitos de Windows 11 marcan muy bien el camino.
Conviene tener claro desde el principio que todo lo que se sabe sobre requisitos de Windows 12 es orientativo y puede cambiar en el momento en que se presente la versión final. Aun así, si estás pensando en renovar equipo o en exprimir unos años más tu PC actual, merece la pena repasar qué se está comentando sobre CPUs, RAM, almacenamiento, TPM, NPU y todas las tecnologías que podrían convertirse en obligatorias o muy recomendables.
Windows 12: dos niveles de requisitos y un sistema más modular
Una de las grandes pistas la tenemos en los requisitos de Windows 11. Microsoft ha separado claramente los requisitos básicos para instalar el sistema de los requisitos necesarios para aprovechar Copilot+ y la inteligencia artificial ejecutada en local. Todo indica que Windows 12 seguirá esta misma filosofía con, al menos, dos niveles de exigencia de hardware.
En un primer escalón encontraríamos un Windows 12 “clásico” sin funciones avanzadas de IA en local, pensado para equipos que hoy ya pueden mover Windows 11 sin demasiados problemas. Esta edición priorizaría la compatibilidad, reduciendo al mínimo los extras que disparan el consumo de recursos para que una base muy amplia de usuarios pueda actualizar sin cambiar de PC.
En el segundo nivel se situaría un Windows 12 con IA avanzada integrada en todo el sistema, algo similar a lo que ya se ha visto con Copilot+ en Windows 11 pero llevado un paso más allá. Aquí el hardware exigido sería bastante más serio: CPUs con NPU potente, más memoria RAM, almacenamiento más rápido y de mayor capacidad y, probablemente, una criba más agresiva en el listado de procesadores compatibles.
Esta estrategia tiene lógica: si Microsoft solo lanzara una versión de Windows 12 centrada en IA en local, los requisitos se dispararían y una gran cantidad de usuarios se quedaría atrapada en Windows 10 u 11 sin opción sencilla de actualización. Dividir la oferta en un nivel básico y otro recomendado permite “democratizar” el acceso al nuevo sistema operativo sin renunciar a las funcionalidades de última generación.

CorePC y CoreOS: la base técnica de un Windows 12 modular
Otro concepto clave del que se está hablando mucho es CorePC, una arquitectura más modular que permitiría a Microsoft construir distintas “ediciones” de Windows 12 partiendo de un núcleo común y añadiendo capas según las necesidades de cada dispositivo o gama de producto.
La idea es que esas capas adicionales actúen como módulos que añaden características concretas: funciones de inteligencia artificial avanzada, integración profunda con servicios en la nube, herramientas de productividad específicas, experiencias multimedia más completas, etc. Cada una de estas capas incrementa el consumo de recursos, por lo que quitar las que no hagan falta permitiría versiones más ligeras del sistema.
Ligado a este enfoque aparece también CoreOS y la llamada “separación de estados”. En lugar de un único bloque donde se mezclan sistema, datos y archivos, Windows 12 podría organizarse en varias particiones y zonas no accesibles para el usuario. Con ello se pretende reforzar la seguridad, mejorar la estabilidad, facilitar los restablecimientos de fábrica y acelerar las actualizaciones grandes.
Si Microsoft combina bien CorePC y CoreOS, podrá adaptar Windows 12 de forma muy fina al tipo de dispositivo: sobremesas potentes, portátiles finos, convertibles, tablets, consolas portátiles con hardware x86 e incluso equipos basados en ARM. A nivel práctico, el usuario vería un Windows más flexible, con menos “lastre” en equipos humildes y con todo el arsenal de funciones en PCs tope de gama.
Este enfoque modular también facilitaría unificar en mayor medida las actualizaciones. En lugar de tener ramas muy diferenciadas para Home, Pro, Enterprise o ARM, la idea es que exista una base común y que Windows Update pueda distribuir parches y mejoras de forma más homogénea, independientemente de la edición o la plataforma.
Novedades esperadas en Windows 12: IA, diseño y experiencia
Aunque no haya anuncio oficial, las líneas maestras de Windows 12 parecen bastante claras. El foco estará en la inteligencia artificial, la eficiencia, la modularidad y ciertos cambios visuales que actualizarán la apariencia del sistema respecto a Windows 11.
En primer lugar, se espera una presencia mucho mayor de la IA en todo el sistema. Lo visto con Copilot y Copilot+ en Windows 11 sería solo el principio: integración más profunda con Bing, uso intensivo de modelos de IA para personalizar la experiencia, automatizar tareas, ayudar en productividad y ofrecer recomendaciones contextuales en tiempo real.
También se habla de una barra de tareas flotante, similar a la que ya se dejó entrever en un evento de Microsoft Ignite y que recuerda a la barra de macOS. A esto se sumarían cambios en iconos, posición de ciertos elementos y efectos visuales con más transparencias y elementos flotantes, buscando una interfaz más moderna y coherente.
En la parte de integración con otros dispositivos, Microsoft seguiría reforzando funciones como Enlace móvil (Your Phone) para profundizar la conexión con móviles Android e incluso iOS. La idea es avanzar hacia escenarios donde puedas manejar notificaciones, llamadas, fotos, archivos e incluso la pantalla del móvil desde el propio escritorio de Windows con menos limitaciones de marca.
Por último, Microsoft estaría trabajando en una versión de Windows 12 “silicon-optimized”, es decir, especialmente optimizada para los SoC que montan los PC modernos. El objetivo es mejorar la sinergia entre hardware y software, algo muy en la línea de lo que Apple lleva años haciendo con sus chips Apple Silicon.

Requisitos mínimos esperados de Windows 12 sin IA avanzada
Tomando como referencia los requisitos actuales de Windows 11 y las filtraciones sobre Next Valley, los requisitos básicos de Windows 12 apuntan a un ligero incremento, pero sin convertirse en algo inasumible para la mayoría de PCs relativamente modernos.
Hoy en día, para instalar Windows 11 en su modo estándar se necesita un procesador de al menos dos núcleos a 1 GHz (con ciertas generaciones mínimas de Intel y AMD), 4 GB de RAM, 64 GB de almacenamiento, TPM 2.0, UEFI con arranque seguro y una GPU compatible con DirectX 12. La propia Microsoft endureció la lista de CPUs soportadas, dejando fuera a modelos que, en la práctica, pueden mover el sistema sin problemas.
Para Windows 12 se baraja que el mínimo se sitúe en una CPU de 64 bits con doble núcleo a unos 2 GHz, manteniendo una lista de procesadores oficialmente soportados que, eso sí, podría dejar fuera a parte del hardware admitido en Windows 11. El requisito de TPM 2.0 seguiría literalmente igual, ya que se ha convertido en una pieza central de la estrategia de seguridad de Microsoft.
En cuanto a memoria, lo más razonable es que el salto vaya de 4 GB de RAM a 8 GB como requisito mínimo oficial. A día de hoy, 4 GB ya se quedan muy justos incluso para un uso ofimático y de navegación web con varias pestañas, por lo que doblar esta cifra tiene todo el sentido en una nueva versión con más servicios en segundo plano y más carga visual.
Respecto al almacenamiento, 64 GB de espacio mínimo seguiría siendo la referencia, pero con una recomendación clara de usar unidades SSD o UFS, no solo por rendimiento, sino porque las funciones relacionadas con IA, restauraciones rápidas y actualizaciones en segundo plano trabajan mucho mejor en memoria flash rápida que en discos duros mecánicos antiguos.
Otros puntos que probablemente se mantendrán son la necesidad de UEFI con arranque seguro, una GPU con soporte para DirectX 12 y una pantalla de al menos 9 pulgadas con resolución de 1.366 x 768 píxeles o superior. También seguirá siendo imprescindible contar con conexión a Internet y, casi con total seguridad, iniciar sesión con una cuenta de Microsoft en la mayoría de ediciones domésticas.
Requisitos recomendados de Windows 12 para IA en local
La gran diferencia con la generación anterior la encontraremos en los requisitos para usar la inteligencia artificial avanzada en local, al estilo Copilot+, que es donde de verdad se nota el salto de hardware. Aquí entran en juego las NPUs (Neural Processing Units) y el concepto de IA PC que está empujando toda la industria.
Actualmente, para disfrutar de Windows 11 con IA en local se habla de procesadores de 64 bits con una NPU de al menos 40 TOPs (billones de operaciones por segundo), 16 GB de RAM DDR5 o LPDDR5, almacenamiento SSD o UFS de 256 GB y el resto de elementos habituales: TPM 2.0, DirectX 12 y demás.
Trasladando esto a Windows 12, los requisitos “recomendados” para IA podrían ir un paso más allá: CPU con NPU que supere los 40 TOPs, 16 GB de RAM como piso mínimo para que la experiencia sea decente y, en muchos casos, 24 o 32 GB como escenario realmente óptimo en equipos de gama media y alta si Microsoft incrementa el peso de las funciones inteligentes.
En almacenamiento, se apunta a un mínimo de 512 GB en formato SSD o UFS para este nivel avanzado. No es solo que el sistema ocupe más; es que la IA necesita guardar continuamente índices, bases de datos locales, historial visual y otras estructuras para ofrecer búsquedas inmediatas y funciones tipo “Recuerdos” que permitan localizar al vuelo lo que hiciste días o semanas atrás.
Por último, aunque oficialmente la atención se ha centrado en la NPU, muchos expertos consideran que Microsoft debería abrir de forma seria el soporte de IA a GPUs dedicadas con núcleos específicos para inteligencia artificial. Una tarjeta como una GeForce RTX 5060, con sus cientos de TOPs en los núcleos tensor, tiene potencia de sobra para ejecutar modelos avanzados y aliviar la carga del procesador principal.
Si Windows 12 incorpora soporte completo de IA en tarjetas gráficas modernas, los usuarios de PCs gaming y de estaciones de trabajo de gama media y alta saldrán especialmente beneficiados. De momento, sin embargo, la apuesta oficial pasa principalmente por la NPU integrada en los SoC más actuales.
Comparativa rápida: Windows 11 frente a Windows 12
A la hora de decidir si te compensa preparar tu equipo, es útil poner frente a frente lo que ofrecen Windows 11 y el futuro Windows 12, tanto en funciones como en requisitos. Aunque muchas cosas se solapan, el enfoque general es distinto.
Windows 11 ya supuso un salto en diseño, seguridad y ciertas funciones inteligentes. Introdujo Copilot, una interfaz más moderna, una barra de tareas más centrada en la productividad diaria y una fuerte apuesta por el TPM 2.0 como pilar de seguridad. Para la mayoría de usuarios, ha sido una transición progresiva desde Windows 10.
Windows 12, en cambio, se perfila como una versión más ambiciosa en todo lo relacionado con IA, modularidad y eficiencia. La meta es que el sistema se adapte mejor a cada dispositivo, aproveche mucho más el hardware concreto de cada PC y sea capaz de anticiparse al usuario mediante algoritmos avanzados, siempre que el hardware lo permita.
Desde el punto de vista de hardware, pasar de Windows 11 a Windows 12 básico no debería ser dramático: el salto real estará en las funciones de IA. Ahí es donde se notará quién tiene equipo de nueva hornada y quién sigue con una máquina a la que ya le pesan los años, sobre todo en NPU, RAM rápida y almacenamiento sólido generoso.
Para usuarios con PCs relativamente recientes, con al menos 8 GB de RAM, SSD y un procesador de 4 núcleos moderno, la actualización a Windows 12 tendrá bastante sentido, sobre todo si el sistema se ofrece como upgrade gratuito desde Windows 11, algo muy probable viendo la estrategia de los últimos años.
Fecha de lanzamiento probable y ciclo de vida
Aunque Microsoft no ha fijado una fecha en el calendario, todo apunta a que Windows 12 verá la luz alrededor de finales de 2025. Esta ventana coincide con el fin de soporte oficial de Windows 10, marcado para octubre de ese mismo año, por lo que la transición tendría bastante lógica.
Siguiendo el ciclo de producto que se está observando, la línea temporal más comentada sería la siguiente: pruebas internas durante 2024 con builds tempranas y muchas funcionalidades heredadas de Windows 11, anuncio oficial y lanzamiento estable en algún momento de 2025, con octubre como mes muy probable para el inicio de la distribución masiva.
De hecho, Microsoft ya ha dejado caer que quiere acortar los ciclos entre grandes versiones de Windows, acercándose algo más al ritmo de actualización anual de macOS. Esto no implica un Windows nuevo cada año, pero sí una cadencia más ágil para introducir cambios importantes sin esperar demasiados ejercicios entre versiones.
Hasta que llegue esa fecha, los usuarios verán actualizaciones progresivas en Windows 11 que irán preparando el terreno: integración cada vez más profunda de Copilot, más presencia de IA en aplicaciones del sistema, cambios en la interfaz y pruebas de características que acabarán cuajando (o no) en Windows 12.
¿Qué pasa si tu equipo no cumple los requisitos de Windows 12?
La experiencia con Windows 11 ya nos ha dado una idea de cómo maneja Microsoft los equipos no compatibles. Si el hardware no pasa el filtro oficial, el instalador te bloqueará y no podrás actualizar por la vía normal, ni desde Windows Update ni mediante instalación estándar.
Aun así, siempre surgen métodos alternativos para saltarse estas restricciones, ya sea modificando la ISO, ajustando el registro o recurriendo a instaladores no oficiales. Con Windows 11, muchos usuarios han instalado el sistema en PCs sin CPU soportada oficialmente, sin TPM 2.0 o sin Secure Boot, con resultados bastante aceptables en la mayoría de los casos.
El problema es que forzar la instalación de un sistema operativo en un PC no soportado tiene riesgos: pérdida de futuras actualizaciones, problemas de rendimiento, incompatibilidades con drivers o quedarse sin soporte oficial si algo va mal. Con Windows 12, si los requisitos suben, este tipo de escenarios será todavía más delicado.
En la práctica, un equipo que hoy mueve bien Windows 11 no oficial (por ejemplo, un PC con 8 GB de RAM, CPU de dos núcleos decente y SSD SATA) podría seguir ejecutando Windows 12 mediante trucos, pero nadie puede garantizar que la experiencia sea igual de fluida, sobre todo si el sistema empuja más fuerte la parte de IA y servicios siempre activos.
Por todo ello, si estás en el límite de compatibilidad y quieres dar el salto, la decisión pasará por valorar cuánto arriesgas y cuánto ganas. Si te interesa la IA en local, las nuevas funciones y la estética renovada, quizá merezca la pena plantearse un cambio de hardware, al menos en los elementos clave: CPU/plataforma, RAM y almacenamiento.
Precio, actualización desde Windows 11 y licencias
Otra gran incógnita es el modelo comercial, pero la apuesta más razonable es que Windows 12 se ofrezca como actualización gratuita para quienes ya tengan una licencia activa de Windows 11, igual que ocurrió en su día con el salto desde Windows 10.
De mantenerse esta política, los usuarios verían la actualización a través de Windows Update cuando su dispositivo sea considerado compatible. Bastaría aceptar la descarga e instalación para pasar a la nueva versión manteniendo licencia, archivos y programas, sin necesidad de comprar una clave nueva.
Quienes prefieran hacer una instalación limpia desde una unidad externa también seguirían teniendo esa opción, descargando la imagen oficial cuando esté disponible. En esos casos, la licencia se asociaría como siempre al hardware o a la cuenta de Microsoft, según el tipo de activación que se utilice.
Es de esperar que Microsoft mantenga opciones de compra de licencias individuales para quienes monten PC nuevo desde cero o necesiten versiones Pro, Enterprise u otras variantes, pero hasta que el sistema se presente, todos los precios siguen siendo especulación.
En líneas generales, Windows 12 se perfila como un salto generacional centrado en la inteligencia artificial en local, la modularidad del sistema y una experiencia más pulida, pero que, al mismo tiempo, intentará no dejar atrás a todos los equipos capaces de ejecutar con solvencia Windows 11. Entender bien estos posibles requisitos y tendencias te permitirá tomar mejores decisiones sobre si actualizar, cuándo hacerlo y qué hardware tendrá más recorrido en los próximos años.