Guía completa de Hyper-V en Windows 11: requisitos, activación y uso

Última actualización: 4 de febrero de 2026
Autor: Isaac
  • Hyper-V es el hipervisor nativo de Microsoft en Windows 11 Pro, Enterprise y Education, pensado para virtualizar sistemas Windows y Linux con buen rendimiento y alta integración.
  • Para usar Hyper-V es imprescindible tener virtualización activada en BIOS/UEFI, CPU de 64 bits con SLAT, al menos 4 GB de RAM y habilitar la característica desde Windows, DISM o PowerShell.
  • La gestión se realiza con el Administrador de Hyper-V, donde se configuran rutas, conmutadores virtuales, recursos de las VMs, puntos de control y políticas de inicio y apagado.
  • Hyper-V puede convivir con otros hipervisores si se controla el arranque del hipervisor con bcdedit, pero requiere un hardware suficientemente potente para ofrecer una experiencia fluida.

Hyper-V en Windows 11

Si usas Windows 11 y te apetece trastear con máquinas virtuales, probar software sin riesgos o montar un pequeño laboratorio en tu PC, Hyper-V es justo lo que estabas buscando. Esta función viene integrada en el sistema, pero está algo escondida y requiere cumplir ciertos requisitos y dar unos cuantos pasos antes de poder usarla con comodidad.

A lo largo de esta guía vas a ver qué es Hyper-V en Windows 11, qué necesitas para utilizarlo, cómo activarlo (con varios métodos), cómo crear máquinas virtuales paso a paso, cómo configurar redes virtuales, ajustar rendimiento, seguridad y, por supuesto, cómo desactivar la virtualización si en algún momento te estorba o quieres volver a usar otras herramientas como VirtualBox o VMware.

Qué es Hyper-V y para qué sirve en Windows 11

Qué es Hyper-V en Windows 11

Hyper-V es el hipervisor de virtualización propio de Microsoft, integrado en Windows y en Windows Server. Nació oficialmente con Windows Server 2008 y, con el tiempo, ha ido llegando también a los sistemas de escritorio: apareció en Windows 8, se mantuvo en Windows 8.1, Windows 10 y ahora forma parte de Windows 11 en sus ediciones más completas.

Esta tecnología crea una capa intermedia llamada hipervisor, que se sitúa entre el hardware físico y los sistemas operativos invitados. Gracias a esta capa es posible ejecutar varias máquinas virtuales de forma simultánea en un mismo ordenador, cada una con su propio sistema operativo (distintas versiones de Windows, muchas distribuciones Linux, etc.) y con un nivel de aislamiento muy alto.

Al tratarse de una solución nativa, Hyper-V se integra de forma profunda con el sistema: no solo sirve para correr VMs “clásicas”, sino que también se utiliza como base para el Subsistema de Windows para Linux (WSL), la característica Windows Sandbox o herramientas como Docker en Windows, que dependen del hipervisor de Microsoft para funcionar.

Conviene tener claro que, aunque técnicamente puedes intentar virtualizar casi cualquier cosa, Hyper-V está pensado sobre todo para Windows y Linux. Virtualizar macOS en este entorno es muy limitado y, en muchos casos, poco práctico o directamente inviable por cuestiones de licencia y soporte.

Ventajas de usar Hyper-V en Windows 11

Ventajas de Hyper-V en Windows 11

Una de las principales ventajas es que Hyper-V viene incluido en Windows 11 Pro, Enterprise y Education, por lo que no tienes que pagar licencias adicionales ni andar registrando programas de terceros. Lo activas, reinicias y listo, ya tienes un hipervisor de nivel empresarial en tu propio PC.

En términos de rendimiento, Hyper-V aprovecha muy bien el hardware moderno (CPU con extensiones de virtualización, SLAT, memoria abundante, etc.), ofreciendo un desempeño muy competitivo frente a soluciones como VMware Workstation o VirtualBox, especialmente cuando trabajas con sistemas Windows invitados.

Desde el punto de vista de la seguridad, Hyper-V aporta características muy potentes: arranque seguro (Secure Boot) en las VMs, TPM virtual, cifrado de estado y de tráfico de migración y hasta la posibilidad de crear máquinas virtuales blindadas, pensadas para evitar incluso que un administrador host malicioso pueda manipularlas.

El día a día se gestiona con el Administrador de Hyper-V, una consola gráfica bastante sencilla donde puedes crear, arrancar, parar, copiar y configurar tus VMs; y si prefieres automatizarlo todo, tienes a tu disposición PowerShell y herramientas como DISM para instalar y manejar características desde línea de comandos.

Además, Hyper-V encaja de maravilla en varios escenarios prácticos: entornos de pruebas de laboratorio, formación técnica, separación trabajo/uso personal y todo tipo de experimentos con sistemas y redes, sin poner en riesgo tu instalación principal de Windows.

Requisitos para usar Hyper-V en Windows 11

Antes de nada, necesitas comprobar que tu equipo y tu sistema cumplen los requisitos mínimos de Hyper-V. Si no, por mucho que toques opciones, no aparecerá la característica o dará errores al activarla.

En cuanto a software, Hyper-V solo está disponible en Windows 11 Pro, Enterprise y Education. Las ediciones Home quedan fuera, así que si tu PC viene con Windows 11 Home no verás la opción en Características de Windows a menos que actualices la licencia.

Para comprobar la edición de tu sistema, abre Configuración > Sistema > Acerca de y revisa el apartado Especificaciones de Windows. Ahí verás claramente si tienes Pro, Enterprise, Education u otra variante. Si no estás en una de estas, Hyper-V no se podrá habilitar.

A nivel de hardware, tu procesador debe ser de 64 bits, compatible con virtualización por hardware (Intel VT-x/VT-d o AMD-V/AMD-Vi) y, además, con SLAT (Second Level Address Translation) —te sonarán nombres como EPT (Intel) o RVI (AMD). También necesitas al menos 4 GB de RAM, aunque para un uso cómodo lo razonable son 8 GB o más, y disponer de espacio libre en disco donde alojar los discos virtuales (VHD/VHDX).

Para confirmar si la CPU soporta virtualización y SLAT, puedes abrir un Símbolo del sistema o PowerShell como administrador y ejecutar systeminfo. En el informe que genera, verás varias líneas relacionadas con Hyper-V indicando si la virtualización está habilitada y si el procesador es apto para SLAT.

Habilitar la virtualización en la BIOS/UEFI

Aunque tu CPU soporte virtualización, si la opción está desactivada en la BIOS/UEFI, Hyper-V no podrá arrancar el hipervisor. Es un punto que suele dar guerra porque cada fabricante lo coloca en un sitio distinto.

Para entrar en la BIOS/UEFI, reinicia el PC y pulsa la tecla que indique el fabricante (normalmente F2, F10, Supr o Esc) nada más encender. Luego debes buscar opciones del estilo Intel Virtualization Technology, VT-x, VT-d (en Intel) o AMD-V, SVM Mode, AMD-Vi (en AMD) y asegurarte de que estén marcadas como Enabled.

Una vez habilitada la virtualización de hardware, guarda los cambios y reinicia. A partir de ahí, Windows ya podrá utilizar Hyper-V y otras funciones relacionadas, como WSL o Windows Sandbox.

Métodos para activar Hyper-V en Windows 11

La función de Hyper-V viene desactivada de fábrica porque solo una parte de los usuarios la necesita. Para ponerla en marcha tienes varias vías: desde el panel de características, con DISM o tirando de PowerShell. El resultado final será el mismo: se instalará el rol de Hyper-V y se preparará el sistema para arrancar el hipervisor.

El método más visual es usar las Características opcionales de Windows. Abre el menú Inicio, escribe “Características de Windows” y entra en “Activar o desactivar las características de Windows”. En la ventana que aparece, busca el apartado Hyper-V y marca su casilla, incluyendo sus subcomponentes (plataforma y herramientas de administración).

Al aceptar, Windows descargará y copiará los archivos necesarios. Para completar la instalación tendrás que reiniciar el equipo. Cuando vuelva a arrancar, Hyper-V estará disponible, y podrás buscar “Administrador de Hyper-V” desde el menú Inicio para confirmar que todo ha ido bien.

Si te manejas mejor con la consola, también puedes activar el rol mediante la herramienta DISM. Abre un Símbolo de sistema o PowerShell como administrador y ejecuta:

DISM /Online /Enable-Feature /All /FeatureName:Microsoft-Hyper-V

Otra opción muy usada es PowerShell con el comando de características opcionales. Desde una ventana de PowerShell en modo administrador, puedes lanzar:

Enable-WindowsOptionalFeature -Online -FeatureName Microsoft-Hyper-V -All

Existe también una variante ampliamente documentada con Microsoft-Hyper-V-All como nombre de característica:

Enable-WindowsOptionalFeature -Online -FeatureName Microsoft-Hyper-V-All

En todos los casos, el sistema pedirá reiniciar para terminar de configurar el hipervisor. Ten paciencia, porque el primer arranque tras activar Hyper-V puede tardar un poco más de lo normal mientras aplica cambios de arranque.

Cómo comprobar si Hyper-V está activo

Si no tienes claro si la característica está activa o no, puedes usar PowerShell para salir de dudas. Abre la consola como administrador y ejecuta:

Get-WindowsOptionalFeature -Online -FeatureName Microsoft-Hyper-V

En la salida verás un campo State. Si aparece “Enabled”, Hyper-V está habilitado; si pone “Disabled”, lo tienes desactivado. También puedes comprobar el servicio del hipervisor con:

get-service | findstr vmcompute

Otra forma práctica de verificarlo es simplemente buscar “Administrador de Hyper-V” en el menú Inicio. Si aparece la herramienta y se abre sin errores, la característica está correctamente instalada y funcionando.

Configurar Hyper-V: ubicaciones, discos y ajustes globales

Una vez activado Hyper-V, es recomendable echar un vistazo a la configuración global del hipervisor antes de empezar a crear máquinas virtuales como si no hubiera un mañana. Así te ahorras tener los discos repartidos por medio sistema o saturar la unidad principal sin querer.

Abre el Administrador de Hyper-V desde el menú Inicio. En el panel derecho, dentro de “Acciones”, haz clic en “Configuración de Hyper-V…”. Desde ahí puedes ajustar la ruta por defecto de los discos duros virtuales (VHD/VHDX) y la ruta donde se guardan los archivos de configuración de las VMs.

Lo habitual es elegir una unidad con bastante espacio libre (idealmente un SSD) y agrupar ahí tanto los discos virtuales como la configuración, de forma que si tienes que hacer copias de seguridad o mover el laboratorio a otro equipo, te resulte más fácil localizar todo.

Redes virtuales: tipos de conmutadores en Hyper-V

En Hyper-V, la red se basa en conmutadores virtuales, que actúan como switches “de pega” a los que se conectan las tarjetas de red de las VMs. Desde el Administrador de Hyper-V, en el panel derecho, entra en “Administrador de conmutadores virtuales” para crear y gestionar estos switches.

El sistema suele crear un “Default Switch”, que es un conmutador interno con NAT hacia la red del host. Este conmutador da acceso fácil a Internet a las VMs, pero con menos control avanzado (no es ideal si necesitas VLAN, direcciones estáticas directas, etc.).

Más allá del conmutador por defecto, Hyper-V permite tres tipos de conmutadores: privado, interno y externo. Cada uno tiene un uso claro y te convendrá uno u otro en función del escenario que quieras montar.

Un conmutador privado solo permite comunicación entre las VMs que estén conectadas a él; ni el host ni la red física pueden hablar con esas máquinas. Es perfecto para montar laboratorios aislados en los que no quieres ningún tráfico hacia fuera.

El conmutador interno amplía ese alcance: las VMs pueden comunicarse entre sí y también con el host, pero no salen directamente a la red física. Usando NAT o compartiendo la conexión desde el host, puedes dar salida a Internet si lo necesitas.

Por último, un conmutador externo se asocia a un adaptador de red físico del equipo y permite que las VMs estén prácticamente en la misma red que el resto de dispositivos (PCs, impresoras, NAS, etc.), cada una con su propia IP. Es la opción ideal cuando quieres que las VMs sean “un equipo más” dentro de la LAN.

Activar Hyper-V desde Panel de control, DISM y PowerShell

En Windows 11 puedes llegar al mismo punto —tener Hyper-V activado— por varias rutas, así que puedes usar la que te resulte más cómoda en cada momento o incluso automatizarla en scripts.

Desde el Panel de control, la ruta clásica es: abrir “Programas”, después “Programas y características” y, en el panel izquierdo, hacer clic en “Activar o desactivar las características de Windows”. Una vez allí, localiza “Hyper-V”, márcalo y confirma para que comience la instalación.

Si prefieres ir al grano con PowerShell, puedes usar el comando que habilita la característica con todas sus dependencias:

Enable-WindowsOptionalFeature -Online -FeatureName Microsoft-Hyper-V -All

En escenarios más avanzados o de administración remota, muchos administradores se apoyan en DISM, la herramienta de mantenimiento de imágenes de implementación. El comando típico para activar el hipervisor es:

DISM /Online /Enable-Feature /All /FeatureName:Microsoft-Hyper-V

Tras cualquiera de estos métodos, el equipo te pedirá un reinicio para finalizar la operación. Una vez completado, Hyper-V ya estará operativo y listo para crear máquinas virtuales.

Crear y configurar una máquina virtual en Hyper-V

Con Hyper-V habilitado y la red virtual a tu gusto, llega lo divertido: crear tu primera máquina virtual. Para ello, abre el Administrador de Hyper-V, selecciona tu equipo en el panel izquierdo y, en “Acciones”, elige Nuevo > Máquina virtual para lanzar el asistente.

En primer lugar, el asistente te pedirá un nombre para la VM y una ubicación donde guardar sus archivos. Puedes dejar las rutas por defecto o usar la carpeta que hayas definido antes para agrupar todas tus máquinas (algo muy recomendable si luego quieres hacer copias o mover el entorno).

Después tendrás que escoger la generación de la máquina virtual. La Generación 1 es compatible con sistemas operativos más antiguos y BIOS clásico; la Generación 2 usa UEFI, permite arranque seguro, discos VHDX y está pensada para sistemas modernos como Windows 10, Windows 11 y muchas distros Linux actuales.

En el siguiente paso se define la memoria RAM inicial. Aquí es fundamental conocer los requisitos del sistema invitado: por ejemplo, para un Windows 10/11 invitado suele ser razonable asignar 4 GB o más, mientras que para muchas distribuciones Linux de escritorio pueden bastar 2-4 GB. Ten presente que 1 GB equivale a 1024 MB, así que 4 GB son 4096 MB.

También puedes marcar la opción de Memoria dinámica, que permite a Hyper-V ajustar automáticamente la RAM efectiva de la VM dentro de unos límites mínimo y máximo, según la carga. Es útil en entornos con varias máquinas que tienen picos de actividad, pero para escenarios sencillos puedes dejarlo con los valores por defecto.

A continuación, el asistente te pedirá que elijas el conmutador de red virtual al que se conectará la VM: puedes dejarla “No conectada”, usar el Default Switch para una salida a Internet rápida vía NAT o seleccionar cualquiera de los conmutadores externos, internos o privados que hayas creado (por ejemplo, uno externo llamado “LAN Virtual”).

El siguiente punto es el disco duro virtual. Por defecto, Hyper-V creará un VHDX dinámico de tamaño razonable en la carpeta establecida; este disco irá creciendo a medida que el sistema invitado use espacio. Siempre puedes ajustar esta capacidad o conectar un VHDX ya existente si estás migrando una máquina.

Por último, deberás indicar cómo se va a instalar el sistema operativo. Lo más habitual es marcar la opción de arrancar desde un archivo ISO y seleccionar la imagen (por ejemplo, una ISO de Windows Server 2022 o de Ubuntu 24.04 descargada desde su web oficial). Revisa el resumen y pulsa Finalizar para crear la VM.

Arrancar, administrar y optimizar la máquina virtual

Una vez creada, la nueva máquina aparecerá en la lista central del Administrador de Hyper-V. Para conectarte, haz clic derecho sobre ella y elige Conectar; se abrirá una ventana de consola. Desde ahí, pulsa el botón de encendido verde o selecciona “Iniciar” en el menú para arrancar la VM e iniciar la instalación del sistema operativo.

Si quieres que la VM ejecute tareas en segundo plano sin tener la ventana abierta, puedes arrancarla desde el panel de acciones con “Iniciar” sin darle a “Conectar”. De esa forma seguirá funcionando, pero no ocupará un hueco permanente en tu escritorio.

Tras instalar el sistema operativo invitado, conviene revisar la configuración avanzada de la VM. Desde el Administrador de Hyper-V, selecciona la máquina, ve al panel de la derecha y pulsa en Configuración. Ahí tienes acceso a todos los parámetros de hardware virtual: memoria, CPU, adaptadores de red, controladoras SCSI, firmware, seguridad, etc.

En la sección de Firmware puedes establecer el orden de arranque: inicialmente suele estar configurado para arrancar desde la unidad de DVD virtual (es decir, la ISO). Una vez instalado el sistema, es buena idea cambiar la prioridad para que el disco duro virtual sea el primer dispositivo de arranque y así acelerar el inicio.

La pestaña de Seguridad te permite activar o ajustar el Arranque seguro según el tipo de sistema operativo (plantilla para Microsoft Windows, para distribuciones Linux usando la CA UEFI de Microsoft o para VMs blindadas de código abierto), así como habilitar un TPM virtual, cifrar el estado y el tráfico de migración o incluso activar el blindaje completo de la máquina si buscas un nivel de aislamiento muy alto.

En el apartado de Memoria podrás modificar la RAM asignada, así como los valores de memoria dinámica (mínimo, máximo y búfer). El búfer de memoria es una reserva adicional que Hyper-V intenta mantener disponible para absorber picos de consumo en la VM y mejorar su estabilidad.

La ponderación de memoria sirve para priorizar qué máquinas tienen preferencia a la hora de repartirse la RAM cuando el host va justo de recursos. En entornos con muchas VMs, es muy útil para que los servicios críticos no se queden sin memoria cuando otras VMs se pongan a consumir más de la cuenta.

Dentro de la configuración del Procesador puedes ajustar cuántos procesadores virtuales quieres asignar (normalmente hasta el número de núcleos/hilos físicos), definir reservas y límites de CPU, así como una ponderación relativa para decidir qué VM se lleva la mayor parte del tiempo de procesador en caso de competencia por recursos.

En el nodo del Adaptador de red verás a qué conmutador virtual está enganchada la VM y podrás cambiarlo en cualquier momento. Además, puedes habilitar identificación de VLAN para segmentar redes, configurar límites de ancho de banda y activar mejoras de rendimiento como VMQ (Virtual Machine Queue) o descarga de tareas IPsec, que reparten mejor la carga de red entre los núcleos de CPU.

Las características avanzadas de red incluyen opciones para usar direcciones MAC dinámicas o estáticas, suplantación de MAC (útil en pruebas), protección DHCP, protección de enrutador, redes protegidas, mirroring de puertos para monitorización y la posibilidad de hacer teaming de NIC desde el sistema invitado.

Puntos de control, inicio y apagado automáticos

Los puntos de control (o instantáneas) son uno de los grandes aliados cuando usas Hyper-V para pruebas o formación. Permiten capturar el estado completo de una VM en un instante (disco, memoria, configuración) y volver a ese punto exacto más adelante si algo sale mal.

Desde el Administrador de Hyper-V basta con hacer clic derecho sobre la VM y seleccionar Punto de control para crear uno, o “Revertir” para volver al último existente. Eso sí, ten en cuenta que estos puntos ocupan espacio en disco, por lo que conviene no abusar y limpiar los que ya no necesites.

En la configuración de la VM también puedes decidir qué hacer al encender o apagar el host. En el apartado de “Acción de inicio automático” eliges si la máquina debe arrancar sola cuando se encienda el PC o si prefieres iniciarla manualmente; y en “Acción de apagado automático” defines si quieres que la VM se apague ordenadamente, se guarde su estado o simplemente se quede desconectada.

Desactivar Hyper-V y la virtualización de Windows

Si en algún momento dejas de usar Hyper-V o necesitas volver a usar hipervisores de terceros como VMware o VirtualBox sin que choquen con el de Microsoft, puedes desactivar la característica o apagar el hipervisor sin desinstalarlo del todo.

Por la vía gráfica, vuelve a las Características de Windows, localiza “Hyper-V” y desmarca su casilla. Acepta los cambios, reinicia el equipo y el rol quedará desinstalado. Seguirás teniendo los archivos de las VMs en disco, pero no podrás ejecutarlas mientras Hyper-V esté deshabilitado.

Con PowerShell también puedes deshabilitar por completo la característica ejecutando como administrador:

Disable-WindowsOptionalFeature -Online -FeatureName Microsoft-Hyper-V-All

En vez de desinstalar todo, es posible que solo quieras detener el hipervisor para que otros programas puedan usar sus propios motores de virtualización. En ese caso puedes usar bcdedit para decirle a Windows si debe arrancar o no el hipervisor al inicio:

bcdedit /set hypervisorlaunchtype off

Con este comando el hipervisor dejará de cargarse al arrancar el sistema (aunque la característica siga instalada). Para volver a activarlo sin reinstalar nada, solo tienes que ejecutar:

bcdedit /set hypervisorlaunchtype auto

Existen incluso herramientas de terceros como Hyper-V Switch, pensadas para hacer este cambio de forma gráfica con un clic, muy útiles si vas alternando entre Hyper-V y otros hipervisores con frecuencia, aunque no liberan espacio de las VMs si no las borras a mano.

Problemas habituales con Hyper-V y cómo enfocarlos

En el día a día, los fallos más típicos con Hyper-V suelen estar relacionados con falta de recursos, errores de red o conflictos con otros hipervisores. Por ejemplo, una VM que no arranca puede deberse a que tenga muy poca memoria asignada, un disco dañado o un problema con el orden de arranque configurado en el firmware.

Para diagnosticar mejor estos casos, es muy útil revisar el Visor de eventos de Windows en el host, filtrando por los registros de Hyper-V. Muchas veces ahí aparece el error concreto (fichero de disco inaccesible, permisos incorrectos, etc.).

Cuando el problema es de red —VMs sin conectividad, no responden a ping, no llegan a Internet— conviene comprobar primero que el conmutador virtual correcto esté asignado a la VM, que el host tenga conexión y que el firewall tanto del invitado como del host no esté bloqueando el tráfico. En casos extremos, deshabilitar un momento el firewall de prueba puede ayudar a descartar bloqueos.

También hay que tener en mente que Hyper-V no se lleva bien con otros motores de virtualización si estos no están adaptados a usar el hipervisor de Microsoft. Aunque hoy en día VirtualBox y VMware han mejorado este aspecto, no es raro que aparezcan errores raros o un rendimiento pésimo si intentas usar varias soluciones a la vez. Si ves comportamientos extraños, suele ser buena idea desactivar Hyper-V mientras trabajas con el otro software.

Por último, recuerda que la virtualización exige una máquina relativamente potente: si tu equipo va justo de RAM o de CPU, tener una VM pesada en paralelo con tu sesión principal puede convertir la experiencia en algo muy poco agradable. En esos casos, o reajustas recursos y expectativas, o quizás te compense más usar un servidor dedicado o la nube para tus laboratorios.

En definitiva, Hyper-V en Windows 11 te pone sobre la mesa una plataforma de virtualización muy completa, integrada y gratuita con la que puedes montar desde un sencillo entorno de pruebas hasta un laboratorio bastante serio, siempre que tu hardware acompañe y mimes un poco la configuración de memoria, CPU y red; conociendo los distintos métodos de activación, las opciones de redes virtuales, la gestión de puntos de control y la forma correcta de habilitar o deshabilitar el hipervisor, tendrás margen de sobra para adaptar el entorno a tu manera de trabajar y sacarle todo el jugo sin llevarte sustos ni con el rendimiento ni con la compatibilidad.

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