Ubuntu sube la RAM recomendada y adelanta a Windows 11

Última actualización: 28 de junio de 2026
Autor: Isaac
  • Ubuntu 26.04 LTS eleva la RAM recomendada de 4 a 6 GB, superando la cifra mínima oficial de Windows 11.
  • La subida no impide instalar Ubuntu en equipos con menos memoria, pero avisa de que la experiencia será más limitada.
  • El cambio responde al aumento real de consumo de RAM en el escritorio moderno, especialmente por los navegadores web.
  • Ubuntu principal deja de ser la mejor opción para PC muy viejos, papel que pasan a asumir variantes ligeras como Lubuntu o Xubuntu.

Ubuntu requisitos de RAM frente a Windows

La noticia ha corrido como la pólvora: Ubuntu 26.04 LTS pasa a recomendar más memoria RAM que Windows 11. Para mucha gente que se cambió a Linux buscando un sistema ligero para exprimir equipos antiguos, la sensación inicial es casi de traición: “¿no se suponía que Ubuntu era la alternativa para PC viejos?”. La polémica está servida, pero si rascamos un poco, el asunto tiene bastante más matices de lo que parece.

Lo primero que hay que entender es que una cosa son los requisitos mínimos para instalar y otra muy diferente los mínimos para usar el sistema sin sufrir. Canonical ha ajustado por fin lo que recomienda oficialmente a lo que ya llevaba tiempo siendo la realidad del escritorio moderno: navegadores devorando RAM, muchas pestañas abiertas, varias aplicaciones en paralelo y un entorno gráfico potente como GNOME pidiendo su parte del pastel. Vamos a ver, paso a paso, qué ha cambiado, por qué ahora Ubuntu pide más RAM que Windows 11 sobre el papel y si esto significa que Linux ha dejado de ser una opción para máquinas antiguas.

Qué ha cambiado exactamente en los requisitos de Ubuntu 26.04 LTS

Comparativa RAM Ubuntu y Windows

Con la llegada de la beta de Ubuntu 26.04 LTS, Canonical ha actualizado de forma discreta, pero muy significativa, su tabla de requisitos oficiales. El cambio que ha encendido todas las alarmas es la subida de 4 a 6 GB de RAM como referencia recomendada para el escritorio. Hasta ahora, desde Ubuntu 18.04 LTS, la cifra que aparecía en la documentación era 4 GB; suficiente, en teoría, para moverse con soltura en el entorno estándar.

En la nueva versión, la ficha técnica queda algo así: procesador de doble núcleo a 2 GHz, 6 GB de RAM y 25 GB de almacenamiento recomendados para el escritorio típico con GNOME. El procesador no cambia respecto a versiones anteriores, y el espacio en disco se mantiene en esos 25 GB que, para un sistema moderno, son más que razonables y, de hecho, muy inferiores a lo que pide Windows 11 en este campo; si dudas sobre tu equipo, puedes identificar tu hardware en Windows 11 para comprobar si cumple las especificaciones.

Conviene insistir en un matiz clave: no estamos hablando de un requisito mínimo estricto que impida la instalación en equipos con menos memoria. Ubuntu 26.04 LTS puede arrancar con 2 GB de RAM y es posible instalarlo en máquinas con 4 GB o incluso menos, aunque la experiencia será claramente más limitada. Canonical no ha bloqueado la instalación en hardware modesto; lo que ha hecho es subir el listón de lo que considera una configuración adecuada para un escritorio fluido.

Este reajuste puede sonar agresivo —sobre todo para quien aún usa ordenadores con 4 GB—, pero no supone un cambio radical en el tipo de hardware al que apunta Ubuntu. Pasar de 4 a 6 GB no es un salto tan grande como, por ejemplo, duplicar los requisitos o exigir chips muy nuevos. Sin embargo, el simple hecho de que la cifra oficial crezca ya es suficiente para generar debate, especialmente cuando se la compara de forma directa con Windows 11.

Ubuntu 26.04 vs Windows 11: quién pide más RAM sobre el papel

El titular llamativo de estos días se resume en algo así: “Ubuntu ahora requiere más RAM que Windows 11”. Y, si nos ceñimos a las fichas oficiales, hay parte de verdad. Microsoft marca para Windows 11 un mínimo de 4 GB de RAM, además de un procesador de doble núcleo a 1 GHz y 64 GB de almacenamiento. Ubuntu 26.04 LTS, por su parte, apunta a esos 6 GB como referencia de memoria, un procesador de doble núcleo a 2 GHz y 25 GB de espacio en disco.

Si nos quedamos solo con las cifras, la diferencia de RAM está claramente a favor de Windows 11, mientras que el almacenamiento exigido va a favor de Ubuntu, que se conforma con menos de la mitad del espacio. El procesador también parece algo más exigente en Ubuntu al subir el listón hasta los 2 GHz, aunque en la práctica, la mayoría de CPUs modernas superan de sobra ambas especificaciones.

El problema de esta comparación “Ubuntu pide más que Windows” es que sobre el papel todo parece muy dramático, pero en la realidad del día a día las cosas cambian bastante. Tanto Windows 11 como Ubuntu pueden arrancar con 4 GB, e incluso con menos en determinadas configuraciones, pero eso no significa que la experiencia vaya a ser agradable en 2026, con el tipo de software y uso que hacen la mayoría de usuarios.

De hecho, muchos técnicos y usuarios avanzados llevan tiempo diciendo que 4 GB de RAM ya no son una base funcional realista para un escritorio moderno. En la práctica, 8 GB se han convertido en el punto de partida razonable para usar el PC sin tirones constantes, y eso vale igual para Windows, para Ubuntu o para casi cualquier otra distribución con un entorno gráfico completo y un navegador moderno.

Requisitos mínimos de instalación vs requisitos para usar el sistema sin sufrir

Una de las grandes confusiones en todo este tema viene de mezclar conceptos. Los requisitos mínimos que publican Ubuntu, Windows o cualquier otro sistema operativo son, en buena medida, cifras técnicas para poder completar la instalación y arrancar el sistema. Eso no quiere decir que con ese hardware vayas a poder abrir diez pestañas en el navegador, editar documentos, escuchar música y chatear al mismo tiempo sin notar que todo va a trompicones.

El salto de Ubuntu de 4 a 6 GB no supone que de repente el sistema se haya vuelto “pesadísimo”, sino que Canonical ha dejado de jugar a la ficción de que 4 GB bastan para un escritorio cómodo en pleno 2026. Es un movimiento más honesto con el usuario: mejor avisar de que el sistema está pensado para tener algo más de margen, que mantener una cifra irreal solo porque suena amigable en la tabla de requisitos.

Lo mismo pasa con Windows 11: sí, técnicamente se puede instalar con 4 GB de RAM, pero cualquiera que lo haya probado un tiempo sabrá que, en cuanto entras en el terreno real —navegador con varias pestañas, aplicaciones abiertas, algo de multitarea—, la fluidez se resiente. El problema no es que Microsoft o Canonical “mientan” en sus fichas, sino que la distancia entre lo mínimo para arrancar y lo razonable para trabajar se ha ido agrandando con los años.

El software actual ha cambiado mucho respecto a la época en la que 2 o 4 GB parecían un mundo. Los navegadores web son casi un sistema operativo dentro del sistema operativo, con pestañas que consumen cientos de megas cada una, servicios en segundo plano, aplicaciones web complejas, clientes de correo pesados, editores ofimáticos completos… Todo eso hace que cuidar solo el requisito mínimo de instalación tenga hoy poca utilidad práctica.

Por qué 4 GB de RAM se han quedado cortos en el escritorio moderno

Durante años, muchos usuarios recurrieron a Ubuntu como ese salvavidas perfecto para dar una segunda vida a portátiles antiguos con 2 o 4 GB de RAM. En muchos casos, la jugada salía bien si el uso era muy modesto: abrir un par de documentos, un reproductor de música, quizás un navegador con una o dos pestañas y poco más. Pero ese escenario ya no refleja el uso real de la mayoría de personas.

Hoy en día, lo habitual es tener varias pestañas abiertas con redes sociales, correo web, servicios de mensajería, vídeo en streaming, editores online y aplicaciones en segundo plano. Cada uno de esos elementos se come memoria casi sin que te des cuenta. En ese contexto, 4 GB empiezan a quedarse muy cortos, no solo en Ubuntu, sino en cualquier sistema de escritorio generalista, incluido Windows 11.

Lo que hace Canonical al subir la recomendación a 6 GB es, en buena medida, reconocer abiertamente que el escritorio moderno necesita más margen para moverse con soltura. El núcleo del sistema puede arrancar con bastante menos, sí, pero basta con abrir un navegador y usarlo como lo hace cualquier usuario medio para que el castillo se tambalee en una máquina con poca RAM.

Desde un punto de vista práctico, 8 GB de RAM se han consolidado como el “nuevo mínimo razonable” para la mayoría de usos de escritorio. Con 6 GB, Ubuntu se coloca en una especie de punto intermedio: marca un suelo algo más realista sin llegar a exigir lo que en realidad muchos ya consideran recomendable. No es una invitación a tirar a la basura un PC con 4 GB, pero sí una forma de que nadie se lleve luego la decepción de pensar que todo irá “como la seda” solo por cumplir el mínimo teórico.

Impacto del cambio en plena crisis de precios de la memoria RAM

El momento elegido para este ajuste tampoco ayuda a calmar las aguas. La industria de la RAM lleva tiempo avisando de que la presión sobre los precios podría alargarse hasta el final de la década, con subidas, falta de stock puntual y una oferta que no termina de estabilizarse. Ampliar memoria, algo que tradicionalmente era barato y sencillo, se ha convertido para muchos usuarios en una decisión más costosa de lo que debería.

En las últimas semanas se han visto ciertas señales de relajación en los precios, con bajadas tímidas en algunos segmentos, pero todavía estamos lejos de lo que se consideraría un mercado normalizado. En ese contexto, que una distribución tan popular como Ubuntu suba su recomendación de RAM, aunque sea de manera moderada, se percibe con más sensibilidad de la que tendría en otra época con la memoria a precio de saldo.

Para quien tiene un PC con 4 GB de RAM que sigue funcionando aceptablemente para tareas básicas, la idea de tener que invertir en más memoria solo para “cumplir las recomendaciones” puede resultar poco atractiva. Y, sin embargo, en muchos casos esa ampliación marcaría la diferencia entre un sistema que se arrastra al abrir el navegador y uno que aguanta el tipo sin demasiados sobresaltos.

El ajuste de Canonical no convierte de golpe en “inútiles” los equipos con 4 GB, pero sí subraya un cambio de ciclo: el Ubuntu principal ya no quiere ser visto como la opción de refugio para cualquier PC antiguo. Esa función recae, cada vez más, en variantes ligeras dentro del propio ecosistema y en otras distribuciones pensadas explícitamente para exprimir hardware muy modesto.

¿Sigue siendo Ubuntu válido para equipos viejos?

Una de las grandes dudas que surgen con este cambio es si Ubuntu ha dejado de ser esa puerta de entrada amable para los ordenadores que Windows 11 ha dejado de lado. Históricamente, mucha gente veía en Ubuntu la forma perfecta de seguir usando portátiles y sobremesas que ya no soportaban las últimas versiones de Windows, pero que aún tenían mucha guerra que dar para tareas básicas.

La realidad es que Ubuntu, tal y como viene “de serie” con GNOME y todos sus paquetes de escritorio, ya no juega en la liga de las distros ultraligeras. Eso lleva tiempo siendo así, pero ahora Canonical lo deja bastante más claro a nivel de documentación. El mensaje implícito es: si quieres una experiencia moderna, pulida, con un escritorio completo y un uso intensivo de aplicaciones web, vas a necesitar un poco más de músculo.

Eso no significa que el ecosistema Linux abandone a los equipos modestos, y si convives con ambos sistemas, saber cómo acceder a particiones Linux desde Windows 11 resulta útil. Lubuntu, Xubuntu y otras variantes ligeras siguen siendo grandes candidatas para máquinas con 2 o 4 GB de RAM, especialmente si el uso se limita a ofimática sencilla, reproducción multimedia, alguna navegación ligera y poco más. Además, siempre existe la opción de hacer instalaciones mínimas, sin tantos servicios ni aplicaciones precargadas, o de apostar por entornos gráficos más contenidos.

Lo que cambia es el papel de la edición principal de Ubuntu: deja de ser percibida como el “último refugio” de los PC muy viejos y se coloca como un sistema de primera división, pensado para usuarios con hardware relativamente actualizado y expectativas acordes a un escritorio moderno. En cierto modo, Canonical está asumiendo que, si quiere competir de tú a tú con Windows y macOS en la experiencia general, necesita asumir también un nivel de requisitos similar al de sus rivales.

Si tienes 2 GB o 4 GB de RAM: qué puedes esperar realmente

Para quienes siguen con un PC considerado “antiguo” incluso por los estándares de Linux, la gran pregunta es qué hacer ahora. Si tu equipo tiene 4 GB de RAM, Ubuntu 26.04 LTS seguirá pudiendo instalarse y arrancará sin problemas graves; no hay una barrera dura que impida su uso. La diferencia está en las expectativas: cuanto más te acerques a un escenario de uso intensivo, más notarás los límites.

En un equipo así, es probable que abrir muchas pestañas del navegador, usar varias aplicaciones pesadas a la vez o mantener servicios web complejos en segundo plano provoque parones, tirones y tiempos de carga elevados. Para tareas muy básicas puede ser aceptable, pero si tu idea es usar el PC como centro de trabajo diario, lo más sensato es asumir que 4 GB empiezan a quedarse muy, muy justos.

Si el ordenador baja hasta 2 GB de RAM o menos, el escenario cambia por completo. En esas condiciones, cualquier distro con un entorno gráfico ligero ya va al límite en cuanto te sales de un uso muy controlado: gestionar unos pocos archivos, usar un editor de texto sencillo, reproducir música local, quizá echar mano de algún cliente básico. En cuanto aparece un navegador moderno en la ecuación, el castillo de naipes se cae casi solo.

Para este tipo de máquinas, el propio ecosistema Ubuntu ofrece alternativas claras: Lubuntu, Xubuntu u otras variantes con escritorios más ligeros y menos servicios empotrados. No son una varita mágica —el hardware es el que es—, pero permiten alargar algo más la vida útil del equipo sin caer en la frustración de que todo se congele al mínimo esfuerzo.

¿Es buena idea que Ubuntu “deje de mentir” con los requisitos?

Detrás del enfado inicial de muchos usuarios hay una reflexión interesante: ¿no es mejor que el sistema diga la verdad sobre lo que necesita para funcionar realmente bien? Durante mucho tiempo hemos dado por buenos requisitos mínimos que, en la práctica, solo servían para completar el asistente de instalación, pero no para garantizar una experiencia fluida en el día a día.

Canonical, al subir la recomendación de RAM, manda un mensaje algo incómodo pero bastante honesto: si quieres que tu escritorio vaya bien con GNOME, Firefox, LibreOffice y varias tareas abiertas, no te conformes con 4 GB. Eso no significa que deje de permitir instalaciones en hardware más ajustado, sino que pone las cartas sobre la mesa para que el usuario decida con más información.

Desde el punto de vista de experiencia de uso, tiene sentido: es preferible que alguien con un PC antiguo sepa de antemano que tal vez le convenga una variante ligera o ampliar memoria, en lugar de venderle la idea de que todo irá perfecto y que luego se encuentre con un escritorio que se congela al abrir el navegador. A la larga, esa sinceridad puede ahorrar muchas frustraciones y mejorar la percepción global del sistema.

También hay un componente estratégico: si Ubuntu quiere ser una alternativa sólida para quienes vienen hartos de Windows y buscan un sistema estable, moderno y cómodo, necesita garantizar cierto nivel de rendimiento. Eso pasa, inevitablemente, por asumir que el escritorio actual pide más recursos que hace diez años. No es una cuestión de que Linux se haya vuelto “pesado” por capricho, sino de que el tipo de software y uso ha cambiado radicalmente.

En definitiva, aunque duela a quienes todavía dependen de máquinas con 4 GB como tope, la subida de requisitos en Ubuntu 26.04 LTS es menos un capricho y más un ajuste a la realidad de 2026. Linux sigue ofreciendo caminos para exprimir equipos antiguos, pero la edición principal de Ubuntu prefiere jugar otra partida: la de ser un sistema de escritorio de primera, aunque eso implique reconocer que necesita algo más de RAM que antes.

Todo este movimiento deja claro que el debate no va tanto de quién “pide menos” sobre el papel, sino de qué sistemas se atreven a reconocer públicamente lo que de verdad hace falta para no sufrir al usar el PC cada día. Ubuntu ha dado un paso en esa dirección, y aunque genere ruido a corto plazo, puede terminar siendo una buena noticia para cualquiera que valore más la experiencia real que la cifra bonita en la tabla de requisitos.

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